- El representante de Comercio de EE. UU., Jamieson Greer, valoró la disposición técnica del gobierno mexicano.
- La revisión conjunta del acuerdo comercial trilateral está programada oficialmente para el año 2026.
- Sectores clave como automotriz, acero, energía y reglas de origen concentran los principales debates bilaterales.
- Washington y México buscan evitar fricciones arancelarias que alteren las cadenas de suministro integradas.
En el marco de las conversaciones preparatorias para la revisión formal del tratado comercial de América del Norte, el representante de Comercio de los Estados Unidos (USTR), Jamieson Greer, calificó como «sumamente pragmática» la postura adoptada por el gobierno de México en las rondas técnicas de diálogo bilateral. Durante una entrevista concedida a medios económicos internacionales en Nueva York, el alto funcionario estadounidense destacó que, a pesar de las divergencias en materias específicas, las negociaciones del T-MEC avanzan bajo un espíritu constructivo orientado a preservar la competitividad de la región frente a los bloques comerciales de Asia y Europa.
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), vigente desde julio de 2020, contempla una cláusula de revisión obligatoria al cumplirse seis años de su entrada en vigor, fecha que coincidirá con el año 2026. Este mecanismo permite a los tres socios evaluar el funcionamiento del acuerdo, extender su vigencia por 16 años adicionales o abrir mesas de negociación sobre capítulos controversiales.
Puntos de fricción técnica y complementariedad productiva
Entre los temas más sensibles que ocupan a los negociadores se encuentran las reglas de origen en la industria automotriz, las disputas sobre el comercio de maíz genéticamente modificado, las políticas energéticas y la importación de acero y aluminio. Washington ha expresado su interés en verificar que los componentes industriales provengan efectivamente de la región norteamericana, evitando que terceros países utilicen a México como puente de exportación para eludir aranceles estadounidenses.
Por su parte, las autoridades económicas mexicanas han defendido la profunda integración de las cadenas de suministro compartidas, recordando que gran parte de los productos manufacturados en territorio mexicano contienen insumos fabricados en plantas de Estados Unidos. Una interrupción arancelaria unilateral dañaría tanto a las empresas mexicanas como a la productividad de las industrias estadounidenses.
De acuerdo con la agenda de política comercial publicada por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), Washington priorizará el cumplimiento riguroso de las disposiciones laborales en plantas automotrices y el monitoreo de subsidios industriales.
Este debate comercial se inserta en un escenario de reconfiguración económica global, donde los flujos de comercio exterior demandan reglas claras y estabilidad jurídica, principios que también analiza el sector productivo ante las fluctuaciones del consumo y la demanda energética nacional.
El marco de estas discusiones está respaldado por los informes de la Organización Mundial del Comercio (OMC), entidad que monitorea los acuerdos de libre comercio regionales y su impacto en la estabilidad de las cadenas de valor globales.
El papel de Canadá y los paneles de resolución de controversias
La posición trilateral se completa con la participación de Canadá, socio que coincide con México en la necesidad de preservar los mecanismos independientes de resolución de disputas comerciales establecidos en el Capítulo 31 del tratado. Las delegaciones técnicas han sostenido reuniones preparatorias en Washington y Ottawa para armonizar posturas sobre normas laborales, protección ambiental y comercio digital transfronterizo.
Asimismo, los sectores empresariales agrupados en el Consejo Coordinador Empresarial de México y la Cámara de Comercio de Estados Unidos han solicitado a los gobiernos respectivos evitar medidas proteccionistas unilaterales que encarezcan los costos logísticos en las aduanas terrestres de la frontera común.
Proyección hacia la cumbre trilateral de 2026
Jamieson Greer remarcó que Estados Unidos busca fortalecer los mecanismos de resolución de controversias laborales y ambientales previstos en el tratado, asegurando que las empresas operen en igualdad de condiciones salariales y regulatorias. El enfoque pragmático demostrado por los equipos técnicos de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido interpretado positivamente en los mercados financieros internacionales.
La certidumbre jurídica derivada de las negociaciones del T-MEC resulta crítica para consolidar el fenómeno del nearshoring o relocalización de empresas multinacionales, consolidando a América del Norte como el polo manufacturero más integrado del planeta.
Expertos en comercio internacional prevén que las negociaciones se intensificarán conforme se acerque el plazo formal de revisión en 2026, donde la capacidad de negociación política entre Washington, Ciudad de México y Ottawa definirá el marco regulatorio del comercio trilateral para las próximas dos décadas.




