La transición política que atraviesa Venezuela, tras el arresto de Nicolás Maduro y bajo una conducción tutelada por Estados Unidos, ha puesto nuevamente en el centro del debate a figuras clave del correísmo ecuatoriano. Patricio Rivera y Fausto Herrera, exministros de Finanzas durante el gobierno de Rafael Correa, continúan desempeñándose como asesores económicos del alto poder venezolano. Esto ocurre en un contexto marcado por la crisis estructural, la incertidumbre política y un frágil intento de estabilización económica.

Patricio Rivera y Fausto Herrera fueron actores centrales de la política económica ecuatoriana durante la década correísta. Hoy, sus nombres resurgen vinculados a la economía venezolana como asesores de la presidenta interina Delcy Rodríguez. Esto es según revelaron fuentes cercanas al entorno gubernamental de Caracas al boletín Diligence, del analista Sebastián Angulo.
Esta continuidad técnica refleja cómo economistas con experiencia regional siguen siendo considerados piezas estratégicas, incluso en medio de un cambio político profundo. Su rol no es menor: forman parte del equipo que ha diseñado y ejecutado ajustes macroeconómicos tras el colapso financiero venezolano.
Delcy Rodríguez y la consolidación del poder económico
Un análisis reciente de The New York Times señala que Delcy Rodríguez ya controlaba los principales resortes de la política económica venezolana incluso antes del arresto de Maduro. Su ascenso no fue abrupto. Fue el resultado de una acumulación progresiva de funciones clave, especialmente en el manejo del gabinete económico y en la toma de decisiones estratégicas.
El medio estadounidense sostiene que Rodríguez se apoyó en un equipo técnico con mayor apertura a mecanismos de mercado. Además, en asesores extranjeros, entre ellos los ecuatorianos Rivera y Herrera, para evitar un colapso total del Estado.
Continuidad técnica en medio del giro político
El reciente nombramiento de Calixto Ortega Sánchez como vicepresidente del área económica no alteró el núcleo de asesores externos que acompaña a Rodríguez. Para analistas, esto confirma una señal clara: más allá del giro político y del nuevo escenario geopolítico, se apuesta por la continuidad técnica.
Sebastián Angulo resume esta lectura señalando que la permanencia de Rivera y Herrera refuerza la idea de que Venezuela busca estabilidad económica. Esto es a través de un andamiaje técnico ya probado, pese a los cambios de poder.
Pragmatismo económico tras el colapso venezolano
Según The New York Times, la estrategia económica impulsada por Rodríguez no implicó una ruptura ideológica total, sino un viraje pragmático. Se relajaron controles, se toleraron mecanismos de mercado y se abrió espacio al sector privado. Todo como respuesta a una crisis marcada por hiperinflación, escasez y sanciones internacionales.
En este esquema, los asesores extranjeros jugaron un papel clave en la implementación de medidas sensibles. Estas medidas estaban diseñadas para ganar margen de maniobra frente a actores internacionales, en especial Washington.
¿Está mejorando la economía venezolana?
Evaluar el estado real de la economía venezolana sigue siendo complejo debido a la falta de estadísticas confiables y a la opacidad del régimen. Las proyecciones internacionales muestran resultados diametralmente opuestos:
- La Cepal estima que la economía venezolana habría crecido 6,5% y proyecta un crecimiento del 3% en 2026.
- El Fondo Monetario Internacional (FMI), en cambio, apenas reconoce un crecimiento de 0,5% y prevé una caída de -3% para 2026.
Ambas estimaciones fueron elaboradas antes del arresto de Maduro y del inicio formal de la transición dirigida por Estados Unidos. Esto añade aún más incertidumbre al panorama.
Petróleo, inflación y el peso de la crisis estructural
Entre 2015 y 2022, la economía venezolana sufrió una caída acumulada del 107,3% de su PIB. Incluso en el mejor escenario, en 2025 el país aún estaría 91% por debajo de los niveles de 2013.
La inflación continúa siendo uno de los principales flagelos. Para 2025, el FMI calcula un aumento de precios del 549%, mientras que en el mejor de los casos podría haberse reducido al 250%. La proyección vuelve a ser alarmante: 682% de inflación anual.
Para dimensionar el impacto, un solo mes de inflación venezolana en 2026 —estimado en 57%— equivaldría a más de 22 años de inflación acumulada en Ecuador.
Un futuro aún incierto
Economistas coinciden en que el rumbo económico de Venezuela dependerá, en gran medida, de la recuperación de la producción petrolera. También, de la profundidad de las medidas de apertura económica que impulse Delcy Rodríguez junto a su equipo técnico. Sin embargo, el legado de años de crisis, hiperinflación y destrucción productiva convierte cualquier proyección en un escenario altamente incierto.
Fuente : La Hora Ecuador
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