La economía ecuatoriana enfrenta en 2026 una preocupante combinación de bajo crecimiento, crisis eléctrica y presión fiscal que evidencia un estancamiento prolongado y estructural.
Un crecimiento que no logra despegar
Aunque organismos internacionales proyectan un crecimiento cercano al 2,5%, esta cifra resulta insuficiente para hablar de una verdadera recuperación. Más bien, refleja una economía que avanza lentamente, sin القدرة de romper el ciclo de bajo dinamismo que arrastra desde hace más de una década. Este escenario se agrava en una región latinoamericana que también muestra rezagos frente a otras economías emergentes.

Empleo débil y menor poder adquisitivo
Uno de los signos más claros del estancamiento es la falta de crecimiento en el empleo adecuado, que se mantiene prácticamente sin cambios desde hace años. A esto se suma la caída del ingreso promedio, reduciendo la capacidad de consumo de los hogares y limitando aún más la reactivación económica.
El sector eléctrico: epicentro de la crisis
Los apagones que comenzaron en 2024 continúan afectando al país, evidenciando problemas estructurales tanto en la generación como en la transmisión eléctrica. Cortes de hasta 14 horas han impactado directamente en la producción y el comercio, provocando incluso contracciones económicas.
Además, las explicaciones oficiales sobre las causas de los apagones han generado dudas, mientras expertos apuntan a la falta de inversión y mantenimiento como el problema central.
Subsidios que presionan las finanzas públicas
El sistema eléctrico opera con un desfase entre el costo real del servicio y lo que pagan los usuarios. Este desequilibrio ha generado un déficit tarifario cercano a los 600 millones de dólares, obligando al Estado a cubrir la diferencia en un contexto fiscal ya complicado.
Los subsidios, aunque alivian temporalmente a ciertos sectores, incrementan la presión sobre las finanzas públicas y dificultan la sostenibilidad económica.
Déficit y endeudamiento: una carga creciente
El Estado no solo enfrenta un déficit estructural, sino también atrasos en pagos que alcanzan cientos de millones de dólares. Esta situación limita la capacidad de inversión en áreas clave como el mantenimiento del sistema eléctrico, profundizando el problema en lugar de solucionarlo.
Un dilema inevitable para los ciudadanos
El panorama plantea una disyuntiva compleja: asumir tarifas más altas o enfrentar nuevos apagones. En ambos casos, el impacto recae directamente sobre los ciudadanos, especialmente en un contexto de ingresos debilitados y empleo estancado.
La combinación de subsidios insostenibles, crisis energética y falta de crecimiento deja claro que las decisiones económicas postergadas ya no pueden esperar.
Fuente: Diario Expreso
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