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El descuido de salud de Dolly Parton como cuidadora y la crisis silenciosa de millones de personas

Dolly Parton, quien descuidó su salud al cuidar a su esposo, imagen que ilustra la realidad del descuido de la salud de los cuidadores familiares.

El pasado mes de octubre, Dolly Parton compartió con sus seguidores detalles sobre su estado de salud. En un video titulado “¡Todavía no estoy muerta!”, la célebre cantante expresó: “Cuando mi esposo Carl estuvo enfermo —fue un periodo prolongado— y posteriormente falleció, no me cuidé a mí misma; descuidé múltiples aspectos que debí haber atendido”. El esposo de Parton, Carl Dean, murió en marzo de 2025; aunque la pareja no reveló públicamente su diagnóstico, ella comentó que padeció una enfermedad durante bastante tiempo. La artista falleció posteriormente a causa de un cáncer que no había comunicado antes, tras lidiar también con problemas de salud como cálculos renales. Si bien no se conocen con exactitud qué atenciones médicas postergó, sus palabras reflejan el enorme sacrificio que conlleva la labor de cuidado, una realidad que comparten millones de personas en el mundo.

Cuando cuidar a otros significa olvidarse de uno mismo

Aquel mensaje, que pudo parecer un comentario pasajero en la vida de una figura tan admirada, revela una problemática estructural que afecta a los cuidadores familiares. Al dedicar tiempo, energía y recursos al bienestar de un ser querido, resulta extremadamente difícil preservar el propio equilibrio físico y emocional. “Los datos demuestran que esto ocurre en millones de hogares. La salud de los cuidadores se deteriora por la propia exigencia de su tarea; incluso con una posición privilegiada, Dolly no fue una excepción”, explicó Jason Resendez, presidente de la Alianza Nacional para el Cuidado. De este modo, su historia pone de relieve que cuidar a un familiar enfermo puede comprometer la salud de quien cuida, sin importar estatus o recursos.

El riesgo para la salud de quienes cuidan a otros

Casi una cuarta parte de las personas que asumen tareas de cuidado reconocen que les cuesta atender su propia salud mientras atienden a otra. Esta proporción es aún mayor entre mujeres, comunidades LGBTQ+, población latina y grupos de menores ingresos. El promedio de horas dedicadas semanalmente a estas labores alcanza las 27, y en muchos casos supera las 40, una carga comparable a una jornada laboral completa. A esto se suma que muchos cuidadores no disponen de ayuda externa, por lo que soportan solos la responsabilidad y el desgaste.

Cerca de dos tercios reportan estrés emocional y casi la mitad sufre agotamiento físico. Además, la soledad afecta a una cuarta parte de ellos, ya que se reducen drásticamente los espacios de esparcimiento y convivencia. Incluso quienes cuidan a distancia padecen ansiedad, fatiga y dificultades para mantener hábitos saludables. Como señaló Resendez, “atender a alguien con una enfermedad grave deja muy poco margen para el autocuidado”. En consecuencia, el descuido de la salud de los cuidadores es una consecuencia directa y frecuente de su labor, tal como ilustra conmovedoramente la experiencia de Dolly Parton.

Obstáculos prácticos y emocionales para el autocuidado

Existen razones profundas por las que quienes cuidan postergan su propia salud. Por un lado, la organización diaria se vuelve impredecible y no resulta sencillo concertar citas médicas ni separarse de la persona atendida. Tras pasar horas en hospitales y consultorios, la última voluntad es acudir a más consultas médicas para uno mismo. Por otro lado, impera una lógica emocional: “no puedo enfermarme ahora”, “su enfermedad es más grave que la mía”, “no quiero ser una carga adicional”. Muchos sienten que sus síntomas carecen de importancia frente al sufrimiento de su ser querido, y la ansiedad acumulada les impide afrontar cualquier nuevo diagnóstico personal.

El sistema de salud debe mirar también a quien cuida

Los cuidadores familiares aportan un valor económico estimado en billones de dólares y sostienen gran parte de la atención sanitaria en los hogares. Sin embargo, rara vez se les evalúa o apoya. Solo el 15 % ha recibido alguna vez una pregunta sobre sus propias necesidades. Expertos señalan que la solución pasa por integrar formalmente al cuidador dentro del sistema de salud: registrarlo junto al paciente, evaluar su estado y ofrecerle servicios de respiro, apoyo psicológico y orientación. Cuando se brinda este acompañamiento, la calidad de la atención mejora y se reduce el riesgo de que quien cuida pierda también su propia salud, cerrando así el círculo de descuido que vivió Dolly Parton.

Fuente: CNN

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