La preocupación por el bienestar psicológico en Portoviejo ha alcanzado niveles sin precedentes, evidenciando una demanda de atención en salud mental que se ha disparado hasta un asombroso 75%. Este fenómeno, que se ha intensificado notablemente desde la pandemia de COVID-19, afecta de manera desproporcionada a los jóvenes adultos. Ellos se han convertido en los principales usuarios de los servicios psicológicos disponibles. Diversos factores, como la persistente crisis económica, la creciente inseguridad y la exposición a eventos traumáticos, convergen para agravar la situación. Además, esto genera un impacto emocional generalizado en la comunidad.
El Impacto de las Crisis en la Población
Un estudio preliminar realizado en 2020 por la fundación Futuro de Portoviejo ya arrojaba cifras alarmantes: 7 de cada 10 habitantes de la ciudad manifestaban problemas de salud mental en el complejo contexto pandémico. Este diagnóstico sirvió como catalizador para la creación de la ordenanza municipal de salud mental, implementada en octubre del año pasado. Su objetivo es ofrecer un marco de acción ante la creciente problemática. Sin embargo, seis años después, el panorama se ha tornado aún más sombrío; según especialistas, urge mejorar el acceso y la calidad de atención en salud mental.
Por ello, Gustavo Pisco, director de la fundación Génesis, advierte que la confluencia de factores actuales como la inseguridad rampante, la violencia y la precaria situación económica ha exacerbado considerablemente los cuadros emocionales de la población. Además, Pisco estima, con una considerable dosis de preocupación, que «podría calcularse que 9 de cada 10 portovejenses experimentan algún grado de ansiedad, preocupación u otros trastornos de salud mental». Su participación en la formulación de la Ley Orgánica de Salud Mental, vigente desde diciembre de 2023, subraya la urgencia y la seriedad del asunto respecto a la atención en salud mental.
Un Incremento Sostenido en la Búsqueda de Ayuda
El reflejo más tangible de este deterioro en la salud mental colectiva se manifiesta en el notable incremento de la demanda de servicios psicológicos, tanto en el sector público como en el privado. Este aumento, que se inició tras el devastador terremoto de 2016, cobró una fuerza inusitada durante la pandemia. El psicólogo clínico Roberto Cedeño explica que, mientras que el impacto del sismo de 2016 se relacionó principalmente con cuadros de ansiedad y trastorno de estrés postraumático, la pandemia generó un efecto mucho más amplio y profundo. Incluyó pérdidas familiares, económicas y sociales. Este crecimiento sostenido evidencia no solo una necesidad apremiante de servicios especializados, sino también una progresiva apertura y disposición de la población para buscar y aceptar ayuda profesional. Así, se están rompiendo barreras de estigma. Por supuesto, la atención en salud mental sigue siendo una prioridad para quienes buscan ayuda.
Jóvenes Adultos: El Grupo Más Afectado
Al desglosar la problemática por grupos etarios, se observa que los jóvenes adultos, comprendidos entre los 21 y 40 años, constituyen el segmento poblacional que más acude a consulta privada por depresión. Representan un significativo 45% de los pacientes. Este grupo etario concentra, por ende, la mayor demanda de atención psicológica. Por otro lado, los adolescentes también presentan una incidencia considerable de trastornos emocionales, a menudo vinculados a situaciones de acoso escolar, conflictos familiares y dificultades en sus relaciones interpersonales. No obstante, su presencia en consultas privadas es relativamente menor, en parte debido a la atención que reciben en las instituciones educativas. En el caso de los adultos mayores, la manifestación de la depresión tiende a presentarse a través de síntomas físicos, como dolores gástricos o cefaleas. Lamentablemente, esto dificulta su diagnóstico y tratamiento oportunos, incrementando la necesidad por atención en salud mental a lo largo de toda la vida.
Ideación Suicida y Niveles de Gravedad
Un dato particularmente alarmante que emerge de las consultas es que aproximadamente el 30% de los pacientes verbalizan ideas relacionadas con el suicidio. Es crucial, sin embargo, aclarar que la depresión y el suicidio no son condiciones intrínsecamente dependientes; la presencia de uno no implica automáticamente el otro. Los trastornos de salud mental se clasifican en diferentes niveles de gravedad: leve, moderado y grave. Los dos primeros son los más recurrentes en las consultas, y esta clasificación determina el tipo de intervención terapéutica necesaria. Este tratamiento puede abarcar desde la psicoterapia hasta tratamientos psiquiátricos más específicos. En consecuencia, los servicios de atención en salud mental deben adaptarse a estos distintos niveles de gravedad y urgencia.
El Sistema Público y la Red de Apoyo
En el ámbito de la salud pública, el Ministerio de Salud Pública (MSP) confirma un incremento sustancial en la atención de salud mental. En el Servicio de Atención Integral (SAI) del Centro de Salud de Andrés de Vera, se registraron 4.748 atenciones tan solo en el primer trimestre de este año. Los datos oficiales indican que el grupo de edad de 20 a 49 años representa cerca del 30% de estas atenciones, seguido por los niños de 5 a 9 años con un 15%. De esta forma, la atención en salud mental se convierte en un eje fundamental de la estrategia sanitaria del MSP.
La demanda en otros grupos etarios subraya el impacto transversal de estos problemas en toda la sociedad. Entre los diagnósticos más frecuentes en el sistema público se encuentran los trastornos del espectro autista (15,7%), reacciones al estrés agudo (8,24%), trastornos de ansiedad generalizada (4,83%) y trastornos mixtos de ansiedad y depresión (4,3%). A nivel provincial, en Manabí, se ha observado un incremento del 10,3% en las atenciones en los SAI. Se pasó de 16.138 en 2024 a 17.810 en 2025, según Rosalyn Salazar, especialista del MSP. Así, es evidente la necesidad de priorizar la atención en salud mental para distintos grupos etarios.
Hacia una Mayor Conciencia y Acceso
Las autoridades sanitarias atribuyen parte de este aumento en la demanda a una significativa reducción de los prejuicios sociales en torno a la atención psicológica. «Al principio, la demanda era baja debido a los estigmas asociados al tratamiento psicológico. Con el tiempo, más personas han acudido a estos servicios», comenta Salazar. Actualmente, la disponibilidad de alternativas de atención, tanto gratuitas como privadas, ha facilitado considerablemente el acceso de la población a servicios de salud mental en el cantón. Por lo tanto, se promueve una cultura de cuidado y bienestar psicológico. De hecho, la atención en salud mental se ha impulsado gracias a esta mayor conciencia social.
Fuente: El Diario
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