El sistema de salud del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) se encuentra inmerso en una profunda crisis, exacerbada por la implementación tardía de un código de validación. Esta medida administrativa, que inicialmente buscaba optimizar procesos, ha desencadenado una cascada de problemas que impactan severamente a clínicas privadas, médicos y, de manera más crítica, a los pacientes que dependen de una atención oportuna y eficaz. La situación actual, marcada por la objeción masiva de facturas y la drástica reducción de derivaciones, ha dejado a centros de salud con escasa actividad mientras los hospitales del IESS luchan contra la saturación.
La Bomba de Tiempo que Estalló en 2025
Durante el año 2024, la operativa del IESS transcurrió con una relativa normalidad en cuanto a consultas, procedimientos y derivaciones, sin la exigencia del controvertido código de validación. El flujo de pacientes era constante; acudían a evaluación, y cuando se requerían servicios de especialistas, las gestiones se resolvían en plazos razonables. Sin embargo, a finales de 2025, un giro inesperado alteró radicalmente este panorama. La normativa, que parecía haber sido olvidada, resurgió con fuerza y generó una crisis.
Cristina Freire, vocera nacional de los prestadores externos, expresa la frustración del sector: «Se acordaron de la normativa cuando ya todo estaba hecho. Nosotros atendimos, diagnosticamos, hicimos exámenes, salvamos vidas… y ahora nos dicen que no nos van a pagar porque falta un código que nunca nos pidieron». Esta situación ha derivado en auditorías retrospectivas que reclasifican como objeciones atenciones que previamente se consideraban válidas, generando un profundo malestar y una incertidumbre financiera sin precedentes.
Clínicas al Borde del Colapso Financiero
La crisis ha golpeado con especial dureza a las clínicas privadas, que han invertido considerablemente en tecnología, personal cualificado y especialidades médicas. Freire califica la situación de insostenible: «De cada 100 dólares que facturamos, nos pagan 10 o 20. El resto lo objetan. Eso nunca había pasado». Esta drástica reducción en los pagos recibidos pone en jaque la viabilidad económica de estos centros, llevándolos al borde de la quiebra. La falta de liquidez no solo afecta la operatividad diaria, sino que también compromete la capacidad de mantener la infraestructura y el personal necesario para ofrecer servicios de calidad.
Menos Pacientes, Más Caos en el Sistema
El impacto económico se traduce directamente en una merma significativa de la atención al paciente. La caída en las derivaciones es alarmante: «Antes atendíamos entre 100 y 200 pacientes por semana. Hoy vemos 10, 20, máximo 30», lamenta Freire. Algunos centros llegan a pasar semanas sin recibir una sola derivación. Este escenario fragmenta la red de atención, dejando clínicas con capacidad ociosa y, paralelamente, saturando los hospitales del IESS. La aparente desconexión entre la oferta y la demanda genera una ineficiencia palpable en el sistema de salud.
El «Cuello de Botella» Burocrático
El cambio de un modelo de atención basado en la lógica médica a uno regido por la burocracia ha creado un «cuello de botella» en el proceso de derivación. Si bien el trámite digital para obtener el código de validación es, en teoría, sencillo, la aprobación por parte del BIESS no es automática ni rápida. Los pacientes deben regresar al IESS, esperar la generación del código y, posteriormente, gestionar la derivación, un proceso que antes se resolvía con agilidad. Esta complejidad administrativa retrasa la atención especializada, afectando la continuidad del tratamiento y la salud de los afiliados.
Esperas Prolongadas que Enferman a los Jubilados
Juan Castro, representante de jubilados en la provincia del Guayas, describe la situación como un colapso total del sistema. Las derivaciones, que antes se gestionaban en uno o dos días, ahora pueden extenderse hasta por seis meses. Esta demora es particularmente crítica para los adultos mayores, quienes requieren atención continua y no pueden permitirse esperar tanto tiempo para ser vistos por un especialista. La desesperación lleva a muchos a utilizar sus pensiones para costear atención privada, una situación que socava el propósito de la seguridad social.
La Voz de los Pacientes: Historias de Riesgo y Angustia
La crisis se manifiesta en historias personales de alto riesgo. Celso González Castillo, paciente renal crónico, denuncia la falta de derivaciones y medicamentos, poniendo en peligro la vida de quienes padecen enfermedades complejas. «Si no hay código, no hay atención. Así de simple», afirma con desolación, añadiendo que ha sido testigo de fallecimientos por esta causa. Fredy Carpio, por su parte, lleva desde 2023 sin poder acceder a cardiología, viendo cómo su enfermedad avanza sin control. La incertidumbre y la falta de recursos obligan a buscar soluciones alternativas, a menudo insuficientes.
La Visión Médica: Un Riesgo Clínico Inminente
La doctora Carla Cuello Crespo subraya la gravedad de la interrupción en la cadena de atención médica. «El tratamiento médico es una cadena. Si se rompe un eslabón, todo se afecta», explica. La derivación oportuna, según la especialista, es crucial, especialmente para enfermedades crónicas. Un retraso de meses puede significar un deterioro irreversible en la condición del paciente, comprometiendo no solo su salud, sino también su calidad de vida y pronóstico.
La Postura del IESS y el Conflicto Abierto
El IESS defiende su actuación, argumentando que se ajusta a la ley y que el código de validación es obligatorio. Sostienen que las auditorías están justificadas y que la normativa debe cumplirse. Sin embargo, evaden responder la pregunta clave: ¿por qué no se exigió este código antes? Esta omisión es el núcleo del conflicto, percibida por los prestadores como una aplicación retroactiva injusta, mientras que para el IESS representa un ajuste necesario. La tensión entre el control administrativo y la urgencia de una atención médica eficiente persiste, con propuestas de solución que incluyen la revisión de auditorías y la flexibilización de procesos, pero sin una resolución clara a la vista. El silencio institucional ante una crisis que se agrava mantiene a clínicas asfixiadas, hospitales saturados y pacientes atrapados en un sistema que no responde a la celeridad que su salud demanda.
Fuente: Extra
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