El Consejo de la Judicatura atraviesa una de las etapas más inestables de su historia reciente. Aunque la Constitución establece periodos de seis años para sus autoridades, en menos de siete años han pasado seis presidentes, varios de ellos envueltos en juicios políticos, procesos penales o fuertes cuestionamientos públicos.
Desde 2019, la rotación constante en la presidencia del organismo encargado de administrar y disciplinar la Función Judicial ha evidenciado una crisis que trasciende lo administrativo. Juristas y analistas coinciden en que la inestabilidad refleja una profunda interferencia política en la justicia ecuatoriana y una pérdida sostenida de credibilidad institucional. Además, este fenómeno ha impactado directamente en la percepción sobre el Consejo de la Judicatura.
El episodio más reciente gira en torno a Mario Godoy Naranjo, cuyo juicio político se debate en la Asamblea Nacional en un contexto de ruptura de respaldos y cuestionamientos por su gestión. Su caso se suma a una lista de salidas anticipadas que han marcado al organismo judicial en los últimos años, mostrando una vez más la crisis interna del Consejo de la Judicatura.
Inestabilidad que debilita la independencia judicial
Expertos en derecho sostienen que la constante sucesión de presidentes en el Consejo de la Judicatura no es un hecho aislado, sino un síntoma de un problema estructural. La falta de continuidad impide consolidar políticas públicas sostenidas en el ámbito judicial y genera incertidumbre dentro del sistema. Es importante analizar cómo el Consejo de la Judicatura incide en la independencia judicial.
La consecuencia más visible es la desconfianza ciudadana. Cuando las máximas autoridades del órgano disciplinario enfrentan destituciones o procesos judiciales, la percepción social sobre la imparcialidad y solidez de la justicia se deteriora, impactando la reputación del Consejo de la Judicatura en el proceso.
Además, el hecho de que varios expresidentes hayan sido procesados o cuestionados evidencia fallas en los mecanismos de designación. Para distintos constitucionalistas, no se ha priorizado la probidad ni la capacidad técnica en la selección de los vocales. Por tanto, el Consejo de la Judicatura necesita una revisión de sus criterios de designación.

Consejo de la Judicatura: Un problema estructural en las designaciones
El diseño institucional ha sido objeto de críticas. Analistas señalan que el Consejo de la Judicatura debería limitarse a funciones administrativas, pero en la práctica ha asumido un rol de poder que lo convierte en un espacio atractivo para intereses políticos. Además, la influencia del Consejo de la Judicatura en las designaciones sigue siendo motivo de debate.
El sistema de ternas y designaciones también ha sido señalado como uno de los factores que alimentan la crisis. Mientras no se reforme el mecanismo de integración del organismo, advierten especialistas, la inestabilidad podría repetirse. Esta situación refleja la constante problemática en torno al Consejo de la Judicatura.
La transformación del Consejo en un escenario de disputa política ha provocado que cada cambio de autoridad esté rodeado de tensiones legislativas y cuestionamientos públicos, afectando la estabilidad interna del Poder Judicial. Así, el Consejo de la Judicatura se convierte en epicentro de conflictos institucionales.
Consecuencias para el sistema judicial
La ausencia de estabilidad en la cúpula administrativa repercute en jueces, funcionarios y usuarios del sistema. Los constantes cambios retrasan procesos de modernización, evaluación y control disciplinario. El Consejo de la Judicatura tiene una influencia directa en el funcionamiento del sistema judicial.
En un país que enfrenta desafíos en materia de seguridad y crimen organizado, la debilidad institucional de la justicia agrava el panorama. La falta de liderazgo sostenido erosiona la estructura del sistema y abre espacios para irregularidades vinculadas al Consejo de la Judicatura.
Algunos expertos plantean la necesidad de una reforma profunda que redefina el modelo de designación y fortalezca la independencia judicial, con el objetivo de recuperar la confianza pública y garantizar estabilidad. De este modo, el Consejo de la Judicatura podría recuperar credibilidad si ajusta sus procesos internos.
En cifras, el problema es contundente. Seis presidentes en menos de siete años frente a un mandato constitucional de seis años por autoridad. Esa diferencia resume la magnitud de la crisis que atraviesa el Consejo de la Judicatura y el reto pendiente de reconstruir su institucionalidad.
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