Un reciente estudio científico revela que comer con pantallas se ha convertido en una práctica común. Sin embargo, esta costumbre moderna está generando un preocupante escenario de soledad que impacta negativamente la salud mental. A pesar de la conveniencia que ofrecen los dispositivos electrónicos, la ciencia advierte sobre los riesgos de comer con pantallas. Además, destaca la importancia de recuperar las comidas en compañía y sin distracciones digitales.
La Ciencia Detrás de Comer en Compañía
De acuerdo con el estudio «La ciencia de lo que se cuece en la cocina», presentado por la Sociedad Española de Neurología (SEN), la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) del Instituto de Salud Carlos III, comer en compañía y sin pantallas es fundamental para el bienestar emocional y cerebral.
Este estudio es resultado de dos investigaciones complementarias realizadas entre agosto y diciembre de 2025. Destaca que «la compañía humana es el principal impulsor de bienestar durante la preparación y consumo de alimentos, superando ampliamente a cualquier interacción digital».
Beneficios de la Socialización en la Mesa
Cocinar acompañado triplica la emoción de alegría en el cerebro, aumentando en un 232% en comparación con hacerlo solo. Además, comer acompañado reduce el sentimiento de rechazo en un 23,5%. Por consiguiente, la presencia de otras personas transforma una actividad rutinaria en una experiencia emocionalmente positiva. Esto refuerza la idea de que la socialización alrededor de la comida sigue siendo un pilar de bienestar.
La investigación demuestra que la calidad emocional de la alimentación depende menos de los alimentos en sí y más de con quién se comparte la comida. También depende de la desconexión digital y la capacidad de vivir el momento presente. Estar acompañado mejora la absorción de nutrientes y reduce el riesgo de obesidad al facilitar la saciedad consciente.
El Impacto Negativo de las Pantallas
En contraste, el uso de teléfonos móviles y otros dispositivos electrónicos durante las comidas tiene un efecto perjudicial. Aunque no provoca tristeza directamente, aplana las emociones positivas, reduciendo la alegría en un 32%. Además, incrementa el estrés y genera una experiencia emocional peor que comer solo.
Los contenidos digitales, al activar un estado de alerta y fragmentar la atención, dificultan la degustación consciente y deterioran la percepción sensorial de los alimentos.
La Comida Procesada y las Emociones
Respecto al tipo de comida, la procesada genera una leve respuesta de «miedo» o desconfianza biométrica (+1,56 puntos). Esto posiblemente ocurre debido a la falta de control sobre el origen del producto y del «arte» del cocinado. Además, reduce ligeramente la emoción de la alegría.
Perspectivas de los Expertos
Ana Reyes, catedrática de la Universidad Rey Juan Carlos, destaca que «gracias al uso de equipos biométricos e IA en el estudio, se han podido obtener más de 250.000 datos que se han codificado para medir científicamente el impacto que tiene de forma inconsciente el desarrollo de hábitos culinarios, solo, acompañado, y especialmente el impacto que tiene en el bienestar emocional el uso del teléfono».
Jesús Porta, presidente de la Sociedad Española de Neurología, añade que «la colaboración de un equipo multidisciplinar ha sido clave para que este estudio no solo pueda medir de forma objetiva las emociones que se producen durante los hábitos culinarios, sino también dotar de significado a esos datos desde el conocimiento de las ciencias neurológicas, permitiéndonos evaluar el bienestar emocional asociado a la experiencia de cocinar y comer».
Comunicación Humana vs. Digitalización
La comunicación humana es un factor protector de la salud alimentaria. Charlar en la mesa se asocia a patrones de ingesta más saludables, fomentando una relación más consciente y menos impulsiva con los alimentos. Este hábito contribuye a disminuir la ingesta emocional y limita la ingesta externa.
La digitalización, en cambio, no es un espacio de conexión, sino un escenario de soledad que tiene consecuencias directas en la salud mental y en los hábitos alimentarios.
Patrones de Vulnerabilidad
El estudio subraya un patrón claro de vulnerabilidad: adolescentes y perfiles clínicos recurren más a las pantallas y comen solos con mayor frecuencia. Además, estos colectivos presentan un uso digital significativamente superior y un mayor riesgo psicosocial. Esto es reforzado por la creencia de que las redes son esenciales para la aceptación social.
Comer solo aparece como un marcador de riesgo que debe abordarse en la intervención terapéutica, dado su impacto en la salud mental y en la conducta alimentaria. Por otro lado, la digitalización ha transformado por completo el acto de comer, convirtiendo la presencia de pantallas en un elemento habitual en la mesa.
Conclusión
El 98% de las personas comen con dispositivos, lo que evidencia que la tecnología ha ocupado un espacio antes reservado a la convivencia y el diálogo. Este cambio ha debilitado el carácter social de las comidas. También ha favorecido entornos más solitarios y afectado directamente al bienestar psicológico, especialmente en poblaciones vulnerables.
Fernando Fernández-Aranda, subdirector de CIBEROBN, señala que «el acto de comer no constituye únicamente una actividad relacionada con la ingesta nutricional, sino que representa un entorno para la promoción del bienestar psicológico. La presencia de dispositivos móviles durante las comidas interfiere en los procesos de interacción social, reduciendo la calidad de las relaciones interpersonales y debilitando un factor protector asociado a la cohesión social, la regulación emocional y los hábitos alimentarios saludables».
Comer en compañía y sin pantallas no responde a una visión idealizada del pasado, sino a prácticas respaldadas por la evidencia científica en salud física y mental.
Fuente: Gaceta de Salud
Ver más: ¿Cómo la Vitamina A te Ayuda a Mantenerte Sano? Descubre sus Beneficios
