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¿Cuánta carne roja es demasiado? Lo que nadie te dice sobre el cáncer de colon

Corte de carne roja fresca sobre tabla de madera con verduras de acompañamiento, ilustración sobre consumo y riesgo de cáncer de colon

¿Ese asadito semanal podría afectar tu salud a largo plazo?

¿Te has preguntado alguna vez si ese asadito del domingo podría salirte caro en la salud a largo plazo? La carne roja, tan presente en la mesa española y latinoamericana, vuelve a ser protagonista en las conversaciones sobre salud pública y riesgos de cáncer. Vamos al grano, sin dramas innecesarios ni demonizaciones, pero tampoco nos hagamos los distraídos. Existe información consolidada que conviene conocer para tomar decisiones informadas sobre nuestra alimentación.

Carne roja: ¿enemigo público o placer culpable?

En octubre de 2015, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), perteneciente a la Organización Mundial de la Salud (OMS), clasificó la carne roja como carcinógeno del Grupo 2A. Esto significa que “probablemente sea carcinogénica para los humanos”. Esta decisión vino tras analizar más de 800 estudios internacionales, supervisados por un panel de 22 expertos. ¿El vínculo más claro? El cáncer colorrectal. También se observó una posible relación, aunque menos contundente, con el cáncer de páncreas y el de próstata. Por consiguiente, no se trata de una afirmación sin respaldo científico, sino de una conclusión basada en amplia evidencia colectiva.

Unas cifras para reflexionar con responsabilidad

Según la Sociedad Americana del Cáncer, en 2026 se esperan alrededor de 159.000 nuevos diagnósticos de cáncer de colon y recto sólo en Estados Unidos. Esto convierte a este tipo de cáncer en la segunda causa de muerte por cáncer en general. Además, se ha convertido en la principal causa de muerte por cáncer entre adultos menores de 50 años. Por supuesto, la situación en España y América Latina puede variar, pero el mensaje es universal: la amenaza es real, sobre todo si miramos nuestros propios hábitos alimenticios. Por otra parte, el aumento sostenido del consumo de carne roja en muchas regiones del mundo refuerza la importancia de este tema.

¿Cuánta carne roja es segura consumir cada semana?

La OMS recomienda limitar el consumo de carne roja cocida a 500 gramos por semana. Esto equivale a tres o cuatro filetes medianos semanales. El Instituto Americano para la Investigación del Cáncer respalda exactamente el mismo límite. Superar esa cantidad de carne roja aumenta el riesgo. Según datos de la OMS, incrementar 100 gramos diarios de carne roja eleva un 17% el riesgo de cáncer colorrectal. ¿El culpable señalado? El hierro hemo, tan abundante en la carne roja, parece ser uno de los factores clave. Puede irritar la mucosa del colon y formar compuestos dañinos que favorecen la aparición de lesiones.

Carnes procesadas: un riesgo aún mayor que conviene distinguir

Aunque la carne roja fresca suele captar toda la atención, los expertos advierten que la carne procesada es aún más peligrosa. La IARC no se anda con rodeos: incluyó las carnes procesadas en el Grupo 1, el nivel más alto de riesgo. Esto confirma que existe evidencia suficiente de que provocan cáncer colorrectal. Las directrices de salud pública en países como Francia aconsejan no superar los 150 gramos semanales de carne procesada. Esto equivale a unas tres lonchas de jamón. El Instituto Americano para la Investigación del Cáncer es todavía más tajante: recomienda evitar por completo el consumo de carnes procesadas. Así que, chorizo, salchichas, mortadela… mejor para ocasiones muy especiales, si es que decides seguir con ellas.

¿Se puede disfrutar de la carne roja sin poner en riesgo la salud?

¡Por supuesto! La clave está en elegir bien y compensar con otros alimentos. Los cortes magros marcan una diferencia notable. El experto Gruman sugiere priorizar el solomillo o la tapa antes que cortes más grasos como el entrecot. También conviene combinar la carne roja con verduras frescas o guisadas. Las patatas fritas acompañan bien, pero no aportan beneficios extra en términos de salud. Por otro lado, los cortes de cocción lenta, como costillas de ternera o aguja, resultan interesantes por su contenido en colágeno. Los platos tradicionales de estofado ofrecen una comida equilibrada y nutritiva.

Consejos finales para consumir carne roja con mayor prudencia

Huye de las carnes muy carbonizadas de la parrilla, plancha o barbacoa. Estas pueden acumular más compuestos cancerígenos que la carne cocinada de forma suave y a baja temperatura. La cocción lenta y los guisos disminuyen esa exposición dañina. Además, no hace falta añadir mantequilla al preparar la carne roja, pues ya aporta suficiente grasa por sí misma. En definitiva, la moderación, la variedad y una pizca de sentido común son los mejores acompañamientos. Disfrutar también es parte de vivir sano, pero sin olvidar que cada alimento cuenta.

Fuente: Futura

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