Muchas personas permanecen en trabajos que no les motivan, principalmente por miedo a perder todo lo invertido en llegar hasta su posición actual, lo que dificulta cambiar de empleo. Este comportamiento responde a un sesgo psicológico llamado falacia del coste hundido, que puede afectar la toma de decisiones y la salud mental si no se reconoce a tiempo.
Qué es la falacia del coste hundido
El término fue introducido por los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman en 1972. Se refiere a la tendencia de las personas a mantener actividades o situaciones porque ya han invertido tiempo, dinero o esfuerzo, aunque lo lógico sería abandonarlas. Richard Thaler amplió este concepto, demostrando que solemos usar más intensamente recursos en los que hemos invertido previamente, incluso cuando no resulta conveniente.
En el ámbito laboral, esta falacia puede hacer que alguien postergue indefinidamente la decisión de cambiar de empleo solo para no «perder» lo que ya ha invertido en su puesto actual.
Cómo afecta la toma de decisiones
Este sesgo hace que muchas personas se estanquen en trabajos que no les aportan satisfacción ni desarrollo profesional. La raíz está en la aversión a la pérdida, un factor psicológico que genera miedo a parecer irresponsable o derrochador. Incluso frente a alternativas más beneficiosas, se tiende a posponer el cambio por temor a desperdiciar los recursos invertidos.
Estudios muestran que esta parálisis prolonga la permanencia en empleos insatisfactorios y puede aumentar síntomas de ansiedad.

Consecuencias de caer en la trampa
Investigaciones de la Universidad de Kansas con más de 1.000 participantes evidenciaron que quienes caen en esta falacia presentan mayor ansiedad y postergan la búsqueda de oportunidades o ayuda profesional. La Universidad de California en San Diego refuerza esta idea, señalando que invertir recursos irrecuperables no significa que debas hundirte con el proyecto o empleo actual.
Estrategias para superar la falacia del coste hundido
Identificar este sesgo es el primer paso para tomar decisiones más racionales. Es crucial basarse en datos objetivos y evaluar posibilidades futuras, no en lo que ya se ha invertido. Mantener una perspectiva externa y no dejarse llevar por el inmovilismo permite actuar con mayor claridad y evitar el círculo vicioso de inversión continua en situaciones desfavorables.
Desde plataformas como Asana se recomienda priorizar decisiones fundamentadas en la realidad actual y las oportunidades presentes, dejando atrás los miedos relacionados con el pasado.
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