En la búsqueda constante de una alimentación más saludable, los cereales ancestrales han resurgido con fuerza, capturando la atención de consumidores y expertos por igual. Pero, ¿cuáles son los beneficios reales para la salud que ofrecen estos granos milenarios? Una profunda revisión de 17 estudios internacionales reveló una asociación significativa entre el consumo de cereales integrales y un menor riesgo de cáncer colorrectal, así como una disminución en la incidencia de diabetes tipo 2. Es importante entender qué factores considerar, según las valiosas perspectivas de expertos de las renombradas Universidades de Oxford y Newcastle.
La Diferencia Clave: Integralidad sobre Antigüedad
Los expertos señalan que no existe evidencia concluyente que demuestre que los cereales ancestrales sean intrínsecamente más saludables que sus contrapartes modernas en todos los casos. La esencia de sus beneficios radica en la priorización del consumo de granos integrales. No importa si su origen se remonta a épocas antiguas o si provienen de prácticas agrícolas recientes. La distinción más relevante, y un punto crucial para nuestra salud, no es la antigüedad del grano, sino si este se consume en su forma entera o refinada. Un grano integral mantiene todas sus partes: el salvado, el germen y el endospermo, conservando así su riqueza nutricional.
Los cereales ancestrales mantienen características genéticas que han permanecido prácticamente inalteradas desde el Neolítico, hace aproximadamente 12.000 años. A diferencia de los granos modernos, que han sido sistemáticamente seleccionados por su alto rendimiento o propiedades específicas para la industria alimentaria, estos cereales ancestrales —como la quinoa, el mijo, el amaranto, el fonio y el trigo espelta— han conservado su composición original. Su resurgimiento actual se debe, en gran parte, al esfuerzo conjunto de comunidades agrícolas e investigadores que han redescubierto y valorado estas variedades olvidadas. La profesora Amy Bogaard, de la Universidad de Oxford, enfatiza: “Existe una enorme diversidad de cultivos que actualmente subestimamos, pero que poseen un gran potencial”.
Beneficios Nutricionales y el Impacto en la Salud
Numerosos estudios científicos asocian el consumo regular de granos integrales con un riesgo considerablemente menor de desarrollar enfermedades crónicas. Entre estas afecciones se encuentran la diabetes tipo 2 y diversos tipos de cáncer. Una revisión exhaustiva realizada en 2020, que consolidó los hallazgos de 17 investigaciones, demostró que las dietas ricas en granos integrales se vinculan con tasas significativamente más bajas de cáncer colorrectal, de colon, gástrico, pancreático y esofágico. Es una verdad innegable que la inclusión de estos alimentos aporta un escudo protector a nuestro organismo.
No obstante, estos impresionantes resultados no son exclusivos de los cereales ancestrales. La verdadera diferencia, nuevamente, depende si el grano ha sido consumido en su versión integral o refinada. Rilla Tammi, investigadora del Instituto Finlandés de Salud y Bienestar, explica claramente: “Los granos son refinados para mejorar el sabor y extender su vida útil. Sin embargo, este proceso lamentablemente elimina una porción vital de fibra y gran parte de su valor nutricional”. A pesar de estos beneficios innegables, el consumo de granos integrales aún no es el predominante en muchas dietas. Los expertos suelen recomendar que, para optimizar el aporte de fibra, proteína, vitaminas del grupo B, hierro y antioxidantes, al menos la mitad de los cereales diarios que ingerimos sean integrales.
Algunas investigaciones han vinculado el consumo asiduo de pan elaborado con harina de quinoa a una respuesta glucémica más moderada en hombres que presentan signos tempranos de diabetes tipo 2. Así lo señala Chris Seal, profesor emérito de nutrición en la Universidad de Newcastle. Adicionalmente, cereales ancestrales como el mijo y el amaranto son naturalmente libres de gluten. Esto los convierte en alternativas excelentes y seguras para personas con alergias o intolerancia al gluten, ofreciendo una opción nutritiva y deliciosa.
Recomendaciones de Expertos y Matices Científicos
La evidencia sobre una supuesta superioridad generalizada de los cereales ancestrales es limitada, según advierte Julie Miller Jones, profesora emérita de alimentos y nutrición en St. Catherine University. “El entusiasmo por los cereales ancestrales está completamente justificado en casos de intolerancia al gluten. Fuera de esa condición específica, la diferencia nutricional entre consumir granos antiguos o modernos es mínima, prácticamente insignificante”, indica Miller Jones. Esta perspectiva subraya la importancia de una visión equilibrada.
Las investigaciones indican que quienes consumen una mayor cantidad de granos integrales tienden a mantener un patrón dietético más sano en general. Un estudio relevante, que incluyó a más de 5.000 adultos en Finlandia, identificó que aquellos que optaban por estos cereales también ingerían más frutas, verduras, pescado y productos lácteos bajos en grasa. Además, se observó que consumían menos carne roja y procesada, lo que demuestra una correlación con hábitos alimenticios más saludables.
Expertos como Tammi enfatizan que la mayor contribución a nuestra salud depende menos de si el grano es ancestral y más de su presentación integral. Una dieta variada es fundamental. La popularidad y alta disponibilidad de los granos modernos están relacionadas con su rendimiento agrícola superior y su facilidad de procesamiento industrial.
Sostenibilidad y el Futuro de los Cereales Ancestrales
En el ámbito de la agricultura sostenible, algunos cereales ancestrales demuestran una impresionante resiliencia agrícola. Poseen la capacidad de afrontar condiciones climáticas adversas y, a menudo, requieren menos pesticidas. Esta cualidad adquiere una relevancia inmensa frente al creciente impacto del cambio climático. Estos cultivos tienen el potencial de fortalecer la seguridad alimentaria a nivel global.
En regiones como Turquía y África Occidental, agricultores y científicos están experimentando activamente con variedades antiguas de trigo y fonio. Esto se hace con el objetivo de combatir la degradación de las tierras y la sequía. La profesora Bogaard resalta que, a lo largo de la historia, los agricultores lograron equilibrar de manera inteligente el cultivo de cereales con otras especies. Esto les permitía optimizar los recursos disponibles y adaptarse eficazmente a plagas y cambios ambientales.
A pesar de sus múltiples ventajas, los cereales ancestrales continúan ocupando un lugar minoritario en la agricultura industrial. Los granos modernos, por su parte, ofrecen mayores rendimientos y mejores cualidades para la panificación, como señala Seal. La comunidad científica insiste en que lo más importante es diversificar nuestra dieta. Priorizar el consumo de cereales integrales es una estrategia clave. Incorporar una amplia variedad de granos, tanto ancestrales como modernos, es la mejor manera de asegurar la ingesta de los micronutrientes necesarios para una alimentación equilibrada y óptima.
Fuente: Infobae
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