La enfermedad de Parkinson constituye un trastorno neurodegenerativo progresivo que compromete la movilidad y la autonomía de millones de personas en todo el mundo. Uno de sus signos distintivos es la bradicinesia, es decir, el enlentecimiento paulatino de los movimientos. Esta alteración reduce la amplitud, la velocidad y la fuerza al realizar acciones repetitivas.
Hasta el momento, la valoración clínica se limita a una observación puntual en consulta. Sin embargo, el estado motor puede variar según el ciclo ON-OFF, el cansancio o el contexto ambiental. Por ello, existe una necesidad creciente de desarrollar métodos objetivos que registren la evolución en entornos naturales.
En este marco, investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid han diseñado una metodología innovadora. Se basa en relojes inteligentes y sistemas de inteligencia artificial para analizar cambios motores mediante una actividad sencilla: batir un huevo durante un minuto.
¿Por qué elegir esta actividad?
Batir un huevo no es una elección aleatoria. Esta tarea requiere movimientos coordinados de flexión, extensión y rotación de la muñeca. Además, exige mantener un ritmo constante y una energía sostenida durante todo el ejercicio.
Muchos pacientes reconocen que este tipo de acciones —como cocinar o remover alimentos— fueron las primeras en notar que su movilidad cambiaba. Por otro lado, también se utiliza en terapia ocupacional para entrenar la destreza manual. Esta doble condición hace que la prueba sea natural, reproducible y cercana a la realidad diaria.
Funcionamiento de la tecnología
El reloj inteligente incorpora sensores inerciales que capturan datos de aceleración y velocidad angular. Posteriormente, estas señales se procesan mediante algoritmos de aprendizaje automático. El objetivo no es sustituir al médico, sino complementar su valoración con información continua.
El estudio contó con 22 personas con diagnóstico de Parkinson y 16 individuos sanos como grupo de referencia. Los participantes realizaron la tarea en sesiones supervisadas y también en sus hogares. Así se evaluó la fiabilidad del sistema tanto en condiciones controladas como en situaciones reales.
Resultados y precisión
Los datos revelaron diferencias significativas entre ambos grupos. Las personas con Parkinson mostraron menor amplitud de movimiento, frecuencia más lenta y pérdida progresiva de intensidad en la acción. Estos patrones coinciden con las manifestaciones clínicas de la enfermedad.
El modelo más eficaz alcanzó una precisión del 91,1 % en consulta y del 87,8 % en el domicilio. Esta reducción mínima confirma que la prueba mantiene su validez fuera del laboratorio. De este modo, batir un huevo demuestra ser una fuente fiable de información objetiva.
Perspectivas futuras
Aunque se trata de una investigación incipiente, sus implicaciones son prometedoras. Esta herramienta podría facilitar el seguimiento continuo, reducir desplazamientos frecuentes y ofrecer datos complementarios al especialista. Además, sitúa al paciente en el centro del proceso, usando actividades que forman parte de su rutina.
Los autores advierten que se requieren estudios con cohortes más amplias y diversas. Solo así se podrá validar su uso generalizado en la práctica clínica. En definitiva, un gesto tan simple como batir un huevo puede convertirse en un aliado valioso para entender mejor la evolución del Parkinson.
Fuente: Expansión
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