Marcela Aguiñaga abandona el correísmo en medio de un escenario político turbulento. La prefecta del Guayas anunció su desafiliación el 3 de diciembre de 2025, tras semanas de tensión con Rafael Correa. Sin embargo, su salida reveló contradicciones que empañan su decisión y exponen las dinámicas autoritarias del movimiento.
La Ruptura que Expone un Autoritarismo
El maltrato público que sufrió Aguiñaga tras reunirse con Lourdes Tibán en Guayaquil marcó el punto de quiebre. Correa la descalificó por dialogar con «el enemigo», la denigró por carecer de principios y finalmente la excluyó de toda posibilidad de reelección con un contundente «ganarás, pero con nosotros no cuentes».
A pesar de estos ataques, Marcela Aguiñaga abandona el correísmo sin señalar directamente a su agresor. En su video de despedida, la prefecta construyó una narrativa donde culpa a un partido abstracto, ignorando que Rafael Correa es quien controla cada decisión del movimiento.
Un Mensaje Contradictorio
«El movimiento que ayudé a construir decidió despojarme de mi espacio», afirmó Aguiñaga. No obstante, dedicó emotivas palabras a Correa: alabó «la mística de su trabajo, el amor profundo por el servicio público». Incluso defendió su situación judicial, deseando que reciba «la justicia que tanto merece».
Este sometimiento resulta desconcertante. Mientras Marcela Aguiñaga abandona el correísmo formalmente, mantiene una postura de admiración hacia quien ordenó su exclusión. Para una izquierda que busca alternativas democráticas y moderadas, este gesto es decepcionante.
Las Opciones Políticas de Aguiñaga
La prefecta enfrenta dos caminos para su futuro electoral. Primero, RETO, la organización de Aquiles Álvarez conocida como «municipalismo progresista», una etiqueta que encubre un nuevo populismo. Segundo, Pachakutik, opción más compleja que exige acuerdos con movimientos sociales y definiciones políticas claras.
Ambas alternativas demandan que Aguiñaga aclare sus posiciones. Su capital político puede abrirle puertas hacia la reelección provincial o incluso aspiraciones nacionales, pero necesita enmendar sus contradicciones.
Correísmo: Un Solo Camino Autoritario
Para Revolución Ciudadana, la salida de Aguiñaga consolida el modelo de sometimiento absoluto al líder. La convención nacional prevista para enero en Manabí ratificará este esquema. Luisa González, presidenta del movimiento y factótum de Correa, dirigirá un proceso que perpetuará el control vertical.
El grupo de municipalistas progresistas que pidió cambios en el liderazgo perdió su figura más fuerte. Pabel Muñoz, alcalde de Quito, carece del carisma y la independencia necesaria para liderar una renovación. Los demás son figuras locales sin proyección nacional.
La Transacción de Correa
El expresidente prófugo realizó un cálculo político claro: perder la provincia del Guayas a cambio de asegurar el control absoluto de su partido. Marcela Aguiñaga abandona el correísmo, llevándose consigo cualquier esperanza de democratización interna del movimiento.
Correa designará «a dedo» al próximo presidente del partido y a los candidatos para elecciones seccionales. La democracia interna será un simulacro. González ya propone votaciones en línea, mecanismo que facilitará el manejo discrecional del proceso.
Un Futuro Sin Alternativas
El correísmo no tiene salida democrática. La carta que escribieron los municipalistas progresistas adolecía del mismo defecto que el video de Aguiñaga: dirigirse a Correa para quejarse del liderazgo del partido, como si él no fuera ese líder absoluto. Una contradicción que implicaba capitulación anticipada.
La insinceridad de Marcela Aguiñaga abandona el correísmo empañó lo que pudo ser un gesto político valiente. Su sumisión ante quien la maltrató públicamente desperdicia una oportunidad histórica para construir una izquierda renovada, democrática y alejada del autoritarismo que caracteriza al movimiento que ahora deja atrás.
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Fuente:
elcomercio
